No sé dónde escuché que Hilary Clinton representaba el realismo inteligente y Barack Obama el realismo mágico, una combinación que tendría el atractivo de tener la polaridad cambiada: la mujer representaría la racionalidad, el hombre el encantamiento; la mujer tendría los colores del sol, el hombre los de la luna... y la inteligencia ocuparía el lugar subordinado que le corresponde.
En todo caso el hechizo ha resultado eficaz: millones de personas estan siguiendo hoy mismo los rituales de la investidura de Barack Obama, la confianza en el presidente electo ha alcanzado cifras anómalas en democracia (79% según parece), el respeto o el disimulo se han hecho obligados en los centros de poder, aunque las gentes ilustradas adviertan educadamente que el encantamiento es irrelevante para resolver los problemas de la crisis económica o del desorden internacional. La magia formaría parte de los intangibles asociados a la capacidad de seducción, de persuasión, unas habilidades de utilidad limitada fuera de los festejos democráticos. Incluso el común parece temer la resaca de estos excesos emotivos.
Pero se ha impuesto la necesidad de reequilibrar la lógica unilateral del mercader, del soldado o del clérigo, de denunciar la verdad del fariseo, de recuperar el alma de las cosas, de reactivar los arquetipos. Pocas veces una celebración laica habrá recordado tanto a un acto religioso. Por cierto, ¿se trata de una celebración laica?
En todo caso el hechizo ha resultado eficaz: millones de personas estan siguiendo hoy mismo los rituales de la investidura de Barack Obama, la confianza en el presidente electo ha alcanzado cifras anómalas en democracia (79% según parece), el respeto o el disimulo se han hecho obligados en los centros de poder, aunque las gentes ilustradas adviertan educadamente que el encantamiento es irrelevante para resolver los problemas de la crisis económica o del desorden internacional. La magia formaría parte de los intangibles asociados a la capacidad de seducción, de persuasión, unas habilidades de utilidad limitada fuera de los festejos democráticos. Incluso el común parece temer la resaca de estos excesos emotivos.
Pero se ha impuesto la necesidad de reequilibrar la lógica unilateral del mercader, del soldado o del clérigo, de denunciar la verdad del fariseo, de recuperar el alma de las cosas, de reactivar los arquetipos. Pocas veces una celebración laica habrá recordado tanto a un acto religioso. Por cierto, ¿se trata de una celebración laica?

